Colaboración con Kenneth Yeang: biomímesis desde la experiencia

Pensar la arquitectura ecológica desde dentro

Hablar de arquitectura ecológica no es hablar de soluciones aisladas ni de gestos formales asociados a la sostenibilidad. Es hablar de sistemas, de relaciones complejas entre clima, uso, estructura, materiales y tiempo. Y, sobre todo, es hablar de una forma de pensar la arquitectura desde la responsabilidad ambiental, social y económica como un todo inseparable.

Esa manera de entender la disciplina ha sido desarrollada durante décadas por Kenneth Yeang, una de las figuras más influyentes de la arquitectura ecológica contemporánea y pionero en la aplicación de la biomímesis y el diseño bioclimático a edificios en altura. Colaborar con su estudio no fue únicamente una experiencia profesional, sino una inmersión directa en una forma de proyectar adelantada a su tiempo.

El rascacielos como oportunidad para una arquitectura ecológica avanzada

Durante años, el rascacielos moderno se ha asociado a un consumo energético elevado y a una relación conflictiva con el entorno urbano. Sin embargo, Kenneth Yeang abordó esta tipología desde una posición pragmática y profundamente arquitectónica: asumir la necesidad de aprovechar intensamente el espacio y la densidad urbana como una condición inevitable de la ciudad contemporánea, y transformarla desde dentro.

Sus rascacielos bioclimáticos integran esta realidad mediante estrategias ambientales avanzadas que combinan eficiencia energética, calidad espacial y mejora de los estándares de habitabilidad. La arquitectura en altura se convierte así en un sistema vivo, capaz de incorporar ventilación natural, continuidad ecológica, integración de vegetación y gradación climática, demostrando que es posible conciliar densidad, eficiencia y calidad de vida.

Una experiencia de trabajo en Kuala Lumpur

La colaboración se desarrolló a través de una estancia continuada en la sede de T.R. Hamzah & Yeang, en Kuala Lumpur, trabajando junto a su equipo en el marco de un concurso internacional para un edificio corporativo concebido como un ejercicio avanzado de investigación arquitectónica.

El proyecto se planteó como una arquitectura adaptativa, en la que la envolvente, la sección, la organización programática y la materialidad trabajaban de forma integrada para optimizar el comportamiento ambiental del edificio. Desde la escala urbana hasta la constructiva, cada decisión respondía a una lógica ecológica precisa y rigurosa.

Aprender desde una arquitectura pensada como sistema

La transmisión de conocimiento fue clara, directa y profundamente generosa por parte del estudio de Yeang. Lejos de una actitud distante o cerrada, el trabajo se desarrolló desde una voluntad explícita de compartir criterio, método y experiencia, fruto de décadas de investigación y práctica profesional al más alto nivel.

La colaboración permitió comprender cómo se articula una arquitectura ecológica cuando la teoría está plenamente contrastada por la obra construida. Desde mi posición, la aportación se centró en trasladar el conocimiento específico del lugar de implantación en Almería —condiciones climáticas, entorno urbano, escala, contexto cultural y necesidades concretas—, integrándolo dentro de un marco de pensamiento ecológico mucho más amplio. Ese diálogo entre experiencia global y lectura local reforzó una idea esencial: la sostenibilidad se construye desde el conocimiento profundo, no desde la improvisación.

De la torre bioclimática a otras escalas arquitectónicas

Uno de los aprendizajes más valiosos de esta experiencia fue comprobar cómo las estrategias desarrolladas para rascacielos bioclimáticos pueden extrapolarse, con criterio, a edificios de distintas escalas: complejos residenciales, arquitectura corporativa o piezas singulares insertas en entornos climáticamente exigentes.

La biomímesis, la integración de vegetación, la ventilación pasiva, el control solar o la selección consciente de materiales no son recursos formales, sino herramientas de diseño que permiten generar arquitectura eficiente, habitable y económicamente sostenible en el tiempo. La clave está en entender la arquitectura como infraestructura ambiental, no como objeto aislado.

Agradecimiento y aprendizaje compartido

Esta experiencia supuso, ante todo, una oportunidad de aprendizaje excepcional. Trabajar junto a Kenneth Yeang y su equipo significó acceder a un conocimiento desarrollado durante décadas y transmitido con generosidad intelectual.

La colaboración se dio desde una relación de respeto y trabajo conjunto, no desde una lógica subordinada, sino desde el intercambio profesional y la voluntad compartida de avanzar en una arquitectura mejor pensada. Poder formar parte de ese proceso, comprender cómo se toman decisiones y cómo se articulan teoría, contexto y técnica en proyectos reales, fue una experiencia profundamente formativa.

Más allá del proyecto concreto o del resultado del concurso, lo que permanece es el criterio adquirido y la convicción reforzada de que la arquitectura ecológica no es una tendencia ni un discurso, sino una forma de ejercer la profesión con responsabilidad, rigor y visión a largo plazo.

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